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¿Cuáles son los resultados principales de la ENIGH 2024?

Los resultados principales, o al menos aquellos que más se señalan en análisis y comentarios, apuntan a un aumento general de los ingresos para los hogares en México. Esto implicaría una posible reducción de la pobreza, tendencia que se ha acelerado durante el sexenio pasado. No obstante, los resultados también señalan problemas estructurales relativos a la desigualdad y a la forma en la que se distribuye la riqueza entre personas y territorios.

Reporte

| Por Rafael H. Ponce Parra - 01 de agosto de 2025

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Imagen: La brecha territorial, entre entidades federativas y urbano-rural. © Foto Rafael Ponce Parra

El 30 de julio de 2025, el Instituto de Estadística y Geografía (INEGI) publicó los resultados de la Encuesta de Ingresos y Gastos de Hogares 2024 (ENIGH 2024). Esta encuesta, levantada entre agosto y noviembre 2024, presenta una radiografía de los ingresos que reciben y gastos que hacen los hogares en todo el país. Como lo recuerda la presidenta del INEGI, Graciela Márquez Colin, en las columnas de Milenio, es un insumo importante para conocer los patrones de desigualdad y de acceso a los derechos básicos. La ENIGH 2024 es quizás el principal insumo para la deliberación sobre la evaluación de la política social –el combate a la pobreza y la desigualdad– o, en otros términos, el acceso a los derechos humanos.

 

En efecto, el acceso a bienes y servicios fundamentales como el agua y alimentos, vivienda y saneamiento, a la tecnología para comunicarse y transportarse e incluso a servicios de salud y a la educación, depende en gran parte al dinero que uno tiene. De ahí la importancia de conocer los ingresos y gastos de los hogares. Por lo tanto, ¿qué nos dice la ENIGH 2024 sobre la situación socioeconómica del país?

Mejoras que reconocer

Sin duda, la ENIGH parece ofrecer algunas buenas noticias. En promedio, los hogares en México recibieron más ingresos que en años pasados. El ingreso corriente promedio fue de 25,955 pesos mensuales. En general, los hogares ganan más que antes, un 10.6% más que en 2022.

 

La principal manera en la que las personas obtienen sus ingresos es mediante el trabajo remunerado. Este ingreso por trabajo representa 65.6% del ingreso corriente de los hogares. La segunda fuente principal son las transferencias (17.7%), como lo puede ser el dinero recibido por la pensión o becas que otorga el gobierno. Esta composición se mantiene similar a la de 2022.

 

Si se compara por deciles (una división en 10 partes iguales de hogares ordenados de menores a mayores ingresos), se observa un aumento en su ingreso corriente promedio para cada decil. El coeficiente de Gini, un índice de 0 a 1 utilizado para medir la desigualdad en una sociedad (un valor de 1 es total desigualdad, un valor de 0 es total igualdad) fue de 0.391, menor que en 2022 (0.402) y 2016 (0.449). El coeficiente sería de 0.450 si no se consideran las transferencias (0.460 en 2022 y 0.499 en 2016).

 

Con estos datos, se puede afirmar que los hogares ganan más ingresos y que la desigualdad sigue bajando. Incluso, estimaciones de la pobreza utilizando la metodología del ahora extinto Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL) realizadas por expertas como Viri Ríos o Enrique Minor apuntan a una reducción de la pobreza. Se estima una reducción de 4 puntos porcentuales, pasando de 36% a 32%. La reducción hace unanimidad y solo espera confirmarse el 14 de agosto, con la presentación de los resultados oficiales por parte del INEGI.

 

Como parecen afirmar comentaristas y expertos, lo más probable es que estas mejoras se deben a las reformas laborales promovidas por el gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador. Sobre todo, el aumento al salario mínimo se ha traducido en mayores ingresos para los hogares, sacándolos de la pobreza por ingresos.

Permanencia de problemas estructurales

No obstante estos logros y el aumento del ingreso corriente para todos los hogares, la ENIGH también revela la permanencia de desigualdades entre grupos de la población y entre territorios.

 

A pesar de aumentos en el ingreso corriente de las personas, se observa que existen desigualdades que no han logrado modificarse. En 2024, las personas con discapacidad ganan 20,782 pesos en promedio por trimestre, en contraste con los 31,098 pesos que gana una persona sin discapacidad en el mismo periodo. 

 

Esta no es la única situación de desigualdad: la brecha de género persiste. En promedio, los hombres ganan 36,047 pesos por trimestre, mientras que las mujeres ganan 23,714 pesos en el mismo periodo. La diferencia está presente en todos los grupos etarios, considerando características étnicas, niveles de escolaridad y composición del hogar. Ser una persona que se considera indígena, que hable una lengua indígena o tener hijos/as agrava la brecha. El menor ingreso entre mujeres se observó en aquellas que tenían 4 hijos/as o más, con 17,236 pesos en promedio al trimestre. En contraste, el mayor ingreso para hombres se encuentra entre aquellos que tenían 2 hijos/as, con 45,908 pesos en promedio al trimestre. Incluso estudiar un posgrado no permite escapar la desigualdad de género. Un hombre con posgrado completo o incompleto ganó en promedio 112,895 pesos al trimestre. En el mismo periodo, una mujer ganó 77,189 pesos.

 

Esta misma situación se observa para la población que se considera indígena o habla alguna lengua indígena: el aumento de sus ingresos no ha logrado modificar la desigualdad. Este grupo de la población reportó en promedio un ingreso monetario trimestral de 22,318 pesos, menos que los 32,629 pesos obtenidos en promedio por la población que no se considera indígena y no habla una lengua indígena.

 

Otro factor estructural es la diferencia ocasionada por el nivel de escolaridad. Una persona con posgrado completo o incompleto reportó en promedio 94 752 pesos de ingreso trimestral en 2024, a diferencia de una persona con un nivel profesional completa o incompleta (51 709), preparatoria completa (29 239), secundaria completa o incompleta (23 935) y a lo más primaria completa (16 036). El acceso a la educación se vuelve entonces crucial para el monto de ingresos al que se puede alcanzar. Cabe notar la poca diferencia entre terminar la preparatoria y la secundaria, o la diferencia entre un nivel profesional y un posgrado.

 

Las diferencias también se observan a nivel territorial. Según la ENIGH 2024, los mayores ingresos promedio trimestrales por hogar se registraron en Nuevo León (117,034 pesos) y Ciudad de México (110,685 pesos). En contraste, los menores ingresos se registraron en Guerrero (48,548 pesos) y Chiapas (41,084 pesos). De hecho, el único estado en ver una disminución de 2022 a 2024 fue Chiapas (44,033 pesos en 2022). El federalismo mexicano no ha logrado cerrar las brechas regionales.

 

La división urbano-rural sigue siendo importante. En 2024, el ingreso corriente promedio trimestral por hogar en áreas urbana fue 1.8 veces mayor que en las áreas rurales. El ingreso siempre es mayor, sin importar la fuente observada. El ingreso corriente promedio trimestral en localidades urbanas fue de 85 550 pesos (+10.8% respecto 2022), mientras que en localidades rurales fue de 48 004 pesos (+0.8% respecto 2022). Cabe destacar que, comparando los ingresos en zonas rurales, son Baja California y Baja California Sur, con 75 321 y 74 629 pesos, respectivamente, los estados con mayores ingresos.


Como señala la socióloga Ytzel Maya en Twitter, la desigualdad y la pobreza “también se mide en coordenadas”, habiendo municipios donde 8 de cada 10 personas se encuentran en pobreza o pobreza extrema.

El debate sobre la política social

Además de aumentos en ingresos, la ENIGH muestra ciertos aumentos en gastos. El gasto total trimestral promedio en los hogares en México aumentó 9.2% comparado con 2022 (y este gasto es 1.7 veces mayor en áreas urbanas que en áreas rurales). Los principales rubros de gasto fueron alimentos, bebidas y tabaco (37.7%), seguido de transporte y comunicaciones (19.5%). Cabe destacar aumentos en gastos en educación y esparcimiento (6.0% más que en 2022) y en gastos en cuidados de la salud, (8.0% más respecto a 2022 y 40.0% más respecto a 2016). 

 

Queda entonces estudiar el impacto de la política pública, y de los programas sociales en específico, sobre los ingresos, gastos y la reducción de la pobreza y desigualdad. Existe consenso en cuanto a las mejoras. La discusión se centra en señalar los matices, entender por qué mejoró y lo duradero que serán las mejoras.

 

Si bien se logró reducir la pobreza, los resultados son mucho menos alentadores si se analiza a la pobreza extrema. Esta solo se redujo en 1 punto porcentual entre 2018 y 2024, según estimaciones de Viri Ríos. De entre las razones de este fallo, Ríos señala la informalidad laboral (por lo cual aumentos en el salario mínimo no les beneficia), localidades en lugares aislados de difícil acceso, y dependencia de transferencias, comercio al por menor o trabajo agrícola para tener ingresos. Además, las carencias en acceso a servicios de salud y el rezago educativo han aumentado, nulificando ganancias en ingresos y los posibles beneficios de políticas distributivas de alto impacto y a largo plazo como lo son salud y educación.

 

En efecto, los programas sociales que consisten en transferencias sociales quizás sean muy poco y no lleguen a quienes más se beneficiarían de estos. El doctorante en ciencia política por la City University de Nueva York Oswaldo Mena Aguilar señala en Twitter que las transferencias sociales cambian poco el panorama, ya que el cambio más importante en el coeficiente de Gini (con el que se mide la desigualdad) se presenta antes de las transferencias. Tanto él como Máximo Ernesto Jaramillo Molina para el Instituto de Estudios sobre Desigualdad señalan una disminución de cobertura de programas sociales, especialmente en los hogares con menores ingresos. Jaramillo Molina señala una caída en la progresividad de programas sociales, y al igual que Mena Aguilar, se ha aumentado lo que reciben los deciles más ricos mientras ha disminuido lo que reciben los deciles más pobres. Esto incluso si ahora se destinan más recursos a transferencias que antes de 2018. Los recursos se concentran en el gasto en la Pensión de Adultos Mayores, mientras el resto de los programas, como las Becas Benito Juárez, han caído en su cobertura.

 

A futuro, analistas como Máximo Ernesto Jaramillo Molina y Viri Ríos señalan recomendaciones que apuntan a un mismo problema: falta de presupuesto. Si se quiere priorizar a los hogares más pobres, recuperar programas sociales que han quedado en el olvido, aumentar transferencias para que tengan un impacto significativo e incluso pensar en un ingreso básico universal acotado, así como gastar el doble de lo que se invierte actualmente para garantizar servicios de salud, se debe contemplar una reforma fiscal progresiva que aumente los ingresos de las arcas públicas. E incluso eso no sea suficiente para lograr el cumplimiento de derechos humanos sin depender de las exigencias de lucro del capital.

 

Las mejoras no han logrado traducirse en cambios estructurales de la forma en la que producimos y distribuimos la riqueza. La distribución más significativa de la riqueza, mediante el aumento del salario mínimo, apunta a una forma más eficaz del capitalismo, más benévola con las personas trabajadoras. Pero no escapa de sus imperativos. Y aún falta eliminar desigualdades de género, étnicas y territoriales. La pregunta se impone: ¿qué se puede hacer para desvincular el acceso a derechos humanos de las presiones de producir para el mercado? O dicho de otra forma, ¿a base de qué otra lógica podemos proveer los bienes y servicios que necesitamos para garantizar nuestra dignidad? En la respuesta reside una profunda transformación.

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