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¿Cómo entender la política internacional?

Stephanie Henaro Canales propone en su nuevo libro una serie de elementos a considerar para resistir narrativas dominantes, entender cómo se construye y ejerce el poder, y luchar por la soberanía. En este primer evento de Deliberaciones, se presentaron estas ideas y se complementó con más elementos para que uno sepa qué preguntar para orientarse en la política internacional.

Reporte

| Por Rafael H. Ponce Parra - 04 de septiembre de 2025

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Imagen: el libro y el evento organizado por Deliberaciones y SciencesPo Alumni sección México. © Foto Joseph Medina 

El pasado jueves, 04 de septiembre, se organizó un evento que se puede englobar bajo la siguiente pregunta: ¿cómo entender la política internacional?

 

Este es un evento que surgió de la sección mexicana de SciencesPo Alumni, una asociación que busca organizar encuentros e intercambios y visibilizar las actividades y los logros de las personas que estudiaron en esta universidad francesa, SciencesPo París, también llamada Instituto de Estudios Políticos de París.

 

El evento fue moderado por un alumni de esta universidad, Rafael H. Ponce Parra, también miembro de Deliberaciones. Y, para presentar el libro, se contó con la presencia de Stephanie Henaro Canales. Ella estudió la licenciatura en relaciones internacionales en el Tecnológico de Monterrey CCM y en el Instituto de Estudios Políticos de París (SciencesPo París). Cuenta con una especialidad en política exterior rusa por el Instituto Estatal de Relaciones Exteriores MGIMO de Moscú y una maestría en Geopolítica, Territorio y Seguridad por la Universidad de King’s College London en Inglaterra. Es miembro del Consejo Mexicano de Asuntos Internacionales (COMEXI) y del Pacific Economic Cooperation Council (PECC) Capítulo México. Stephanie da asesorías geopolíticas, conferencias e imparte la materia en universidades como la Universidad Iberoamericana. Y también comparte sus análisis en distintos medios de comunicación por escrito, en radio y televisión.

 

El evento giró en torno a la presentación del libro Manual de supervivencia geopolítica. Cómo entender el poder global sin ser devorado por él. Stephanie Henaro Canales, la autora de este libro, compartió reflexiones del libro y lo que la motivó a escribirlo. Posteriormente, Rafael Ponce Parra comentó el libro. Finalmente, se abrió el micrófono a una sesión de preguntas de parte del público.

Stephanie Henaro Canales presentó el libro como un manual con herramientas para comprender el mundo en el que vivimos y comprender que ha cambiado. La geopolítica ha evolucionado; ya no hacen falta ejércitos para ejercer la dominación. Hoy, con Tik Tok, es posible controlar la narrativa. Hoy, es una lucha por posicionarse sobre la narrativa. El imaginario de las personas es el campo de batalla. Para poder resistir, comenta Henaro Canales, primero hay que poder entender cómo está el mapa de la geopolítica. Es necesario comprender quiénes son los actores en este mapa, de dónde vienen y qué intereses tienen. Una de las claves está en la narrativa.

El libro: Manual de supervivencia geopolítica

Leer el Manual de supervivencia geopolítica es recibir muchas afirmaciones, muchas frases con golpe, de distintos temas geopolíticos. Cada afirmación podría derivar en capítulos o libros enteros. El reto es escoger sobre qué hablar y comentar.

 

Se puede plantear que el libro contiene tres objetivos. Primero, busca señalar dinámicas y nuevas formas del poder geopolítico (aunque no solamente) en el Siglo XXI. Segundo, pone sobre la mesa el tema de la soberanía para México y el Sur Global en general, dando líneas de cómo lo puede defender o afirmar. Tercero, intenta mostrarle a la persona lectora cómo entender las noticias globales y así resistir la narrativa dominante.

 

Parte quizás de la pregunta simple: ¿cómo entender la política internacional? O quizás ¿cómo defender la soberanía y mantenerse como nación relevante en la geopolítica?

 

Se percibe, de parte de la autora, una preocupación sobre la pérdida de soberanía de México y América Latina, el temor a un futuro de irrelevancia geopolítica, de colonización por otras formas, y también una pérdida del significado y fuerza del liberalismo y de la democracia liberal. A un nivel distinto, hay una preocupación por la docilidad entrenada de las personas, de una ciudadanía dispuesta a ser dominada.

 

Así, los argumentos se mueven en dos niveles: uno de acción para las personas y otro de acción para los Estados en materia de política exterior. ¿Qué es lo que las personas deben hacer y qué es lo que los Estados deben hacer?

 

Para las personas, el objetivo es entender y resistir. Me hace pensar en la retórica, en libros como el de Clément Viktorovitch (2021). Este politólogo ha de cierto modo emprendido una cruzada a favor de la democratización de la retórica tanto para poderse defender de manipulaciones como para poder participar en la deliberación pública.

 

Así, Henaro Canales propone una serie de preguntas con las cuáles se tiene que interrogar cualquier titular en las noticias.

 

“Cada evento debe ser interrogado en tres niveles:

- ¿Qué hechos son ciertos y cuáles son construcciones emocionales?

- ¿Qué estructuras de poder sostienen esos hechos?

- ¿Qué intereses se benefician del encuadre narrativo propuesto?

La pregunta no debe ser sólo: ¿me indigna esto? Sino también: ¿A quién le conviene que me indigne así? ¿Qué me están impidiendo ver mientras concentran mi atención aquí?” (p. 255-257)

 

Para los Estados, el mensaje se dirige al Sur Global en general, y a América Latina y México en particular. El libro es un exhorto a ser más proactivo en la defensa de la soberanía, a construir poder y a ejercerlo.

 

La defensa de la soberanía es un tema interesante, el cual casi no se discute (como señala Henaro Canales). En México casi no se habla de política exterior si no es de Estados Unidos y en estos tiempos, Trump. Se moviliza la retórica de la defensa de la soberanía pero no se refleja esto en la política exterior. Y es un tema que no suele ser retomado en la deliberación pública y en elecciones. No obstante, es un tema importante porque las dependencias entre Estados condicionan lo que se puede hacer como política interior (al mismo tiempo que la política interior posibilita la política exterior).

 

El libro genera también una expectativa, por su título y su misión de ayudar al lector a “despertar” de las narrativas dominantes y a “entender” la geopolítica: ofrecer las herramientas para saber cómo orientarse en la geopolítica.

¿Qué es bueno y qué es malo en geopolítica?

Para complementar lo que ofrece el libro, Rafael ofreció en sus comentarios tres elementos para poderse orientar en la geopolítica. En este sentido, retoma los mismos elementos que los que se piensan en la política. Primero, es necesario recordar cuáles son las cuestiones o puntos de clivaje sobre los que se tiene que discutir. Segundo, es útil retomar un conjunto de valores, una ideología o una “narrativa” (concepto clave del Manual de supervivencia geopolítica) para tener una brújula con la cual orientarse en las cuestiones a tratar. Finalmente, es importante tener claridad sobre el sujeto político con el cual se hace colectividad.

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Imagen: Rafael Ponce Parra y Stephanie Henaro Canales. © Foto Joseph Medina 

¿Qué es geopolítica?

Para entender mejor de qué se habla o sobre qué uno se tiene que orientar, es pertinente recordar qué significa geopolítica, lo cual implica definir política. 

 

La política es el ámbito y el conjunto de funciones relativas a lo colectivo, la soberanía y el “decir verdad” de una comunidad, la cual se ha ido diferenciando y especializando en sub-ámbitos, en ocasiones ya no identificados como política: economía, religión, ciencia, derecho (Lahire, 2023). Por lo general, estas funciones se preocupan por responder preguntas sobre el uso y la distribución de recursos, de la toma de decisiones que afectan al colectivo, de identidad e identificación de amigos-enemigos; ellos-nosotros, y la valoración de situaciones y prácticas (bueno-malo, justo-injusto, verdadero-falso), así como la definición y uso de valores (o cuestiones mágico-religiosas) (Inspirado de propuestas para entender lo político de Easton, Schmitt y Aristóteles retomadas por Mayer, 2014, Arendt, 1993 y Latour, 2012 y 2017; Lahire, 2023 y Pérez Vejo 2024).

 

Un esquema de lo político formaría un cuadrado con cuatro esquinas de lo político

  1. la distribución y el uso de recursos, 

  2. la organización política (quién decide qué y cómo), 

  3. el decir verdad y definir qué es bueno y qué es malo, y, 

  4. el definir la identidad colectiva, quién es nosotros y quiénes son ellos, quién es amigo y quién es enemigo).

La meta-política (la definición de valores) funcionaría como un centro que une, recorre y le da forma al resto del esquema. Lo que sucede en una esquina afecta lo que se responde en el resto del esquema.

 

Esto por la parte de política. En geopolítica, la parte más fácil de definir “geo”. Según la RAE, es tierra o la Tierra. En consecuencia, la geopolítica designa las cuestiones de distribución y uso de recursos, organización política, decir verdad y definir bueno o malo, y crear identidad a escala planetaria, en temas que rebasan las fronteras de un solo colectivo.

 

Con esto definido, es posible recordar las preguntas clave sobre lo cual va a girar la discusión. Henaro Canales lo hace en el Manual de supervivencia geopolítica aunque quizás utilizando otros términos. El énfasis en la narrativa es muy importante pues es a través de esta que se dice la “verdad”, se define lo bueno y lo malo y se construye la identidad colectiva y quién es amigo y enemigo. Esto puede legitimar la distribución y uso de recursos y la organización de la decisión. No obstante, se apoya en modos de producción concretos: Henaro Canales lo menciona al señalar el capitalismo autoritario, la lucha por el agua y minerales (en la tierra, en el ártico y quizás, en un futuro, en el espacio) pero también sobre tecnologías que inciden en la distribución de la información (el cómo llega la narrativa a las personas). Henaro Canales también habla de organización política: en la geopolítica, esto sucede en alianzas y estructuras internacionales como la ONU, el G7 y los BRICS.

¿Qué brújula para orientarse en geopolítica?

Las cuatro esquinas de lo político permiten recordar sobre qué se tiene que discutir y las posibles líneas de fractura que pueden existir. Pero ¿cómo saber qué respuesta es buena o mala? ¿Qué de un suceso que afecte lo político es bueno o no? Aquí cada uno navega lo político probablemente ya con una narrativa para responder esto. En el libro, la palabra clave es soberanía. Algo es bueno si protege tu soberanía (para guardar una relevancia geopolítica). Ser “relevante” en lo geopolítico significa poder responder las preguntas de lo político, influir conscientemente en las respuestas, sin tener que seguir aquellas respuestas que otros colectivos quieren imponer.

 

Otra respuesta puede ser la de los derechos humanos. Desde Deliberaciones, buscamos ser explícitos en nuestros valores y principios justo para no pretender esconder una narrativa. Y en la asociación, los derechos humanos sirven como esta brújula. Algo es bueno o malo dependiendo de si permite respetar, proteger, promover y garantizar los derechos humanos. En este lenguaje, soberanía se transforma en autodeterminación de los pueblos.

¿Quién es el sujeto político?

Esto responde el para qué o hacia qué del cómo orientarse en la política. Pero igual queda otra parte en la cual suele esconderse mucho de lo que sucede. En la geopolítica el sujeto suele ser Estados o naciones, si no es que incluso “civilizaciones”. Y se habla de estos sujetos que ejercen más o menos poder. El Manual de supervivencia geopolítica habla del “poder”, de “Occidente”, de Rusia, China, Turquía, Brasil y México, de Trump, Putin y Sheinbaum. Es pertinente complementar aquellas preguntas que Henaro Canales sugiere para poder cuestionar las narrativas con la necesidad de desmitificar el sujeto en geopolítica, refutar la idea de civilización y definir qué es poder estructural (algo que no hace explícitamente el libro). Los Estados, las naciones o las civilizaciones no se pueden pensar como individuos. Estos son dos cosas: una ficción que sirve como identidad y un conjunto de procesos sociales y distintos grupos si no es que sociedades. El Estado es una macro-organización, los jefes de Estado deciden cosas pero en interacción constante con el resto de la burocracia, con otras élites políticas y económicas y ante otros grupos sociales. En estos conceptos yacen muchos sujetos y muchas luchas (empresas, clases, etnias, asociaciones, sindicatos, etc.). Los conceptos como Estado, nación, civilización pueden ser útiles para hacer colectivo. La idea de “México” permite, como dice el historiador Tomás Pérez Vejo (2024) unir personas en Tijuana y Mérida que jamás se han conocido y que comparten pocas cosas. Pero también permiten esconder fracciones internas e incluso deslegitimarlas.

 

Ante estos mitos y estas narrativas que forman identidad y poder, ¿quién debe adquirir y ejercer poder como sujeto político? Cuestionarlos es cuestionar el poder que otorgan y revelar intereses velados.

 

Una identificación de quiénes precisamente actúan permite responder a la pregunta sobre si algo es bueno o malo porque permite cuestionar el aura de poder y sacralidad que luego adquieren tanto jefes de estado como dinámicas sociales más grandes. Permite visibilizar intereses que permanecían velados por las ficciones que hacen unión. Y aunque quizás sea una forma más coloquial o simple de hablar, muchas cosas no se diseñan y no son actos intencionales. Pero sí son la consecuencia de actos con intenciones. Es una diferencia que es importante rescatar ante frases como:

Algunos ejemplos del libro: - “Rusia entendió que…” (p. 161) ¿Quién es Rusia? ¿Putin? ¿Una mayoría de rusos? - “La transición energética no es un campo abierto: es una carrera diseñada para consolidar dependencias” (p. 101). ¿Diseñada? ¿Por quién? - Hay silencios “porque el poder ha decidido que no conviene nombrarlo” (p. 251). ¿Quién es el poder? - “No es que no nos lo digan. Es que nos enseñaron a no verlo.... Nos enseñaron a ver anécdotas” (p. 260). ¿Quiénes nos enseñaron?

Sobre qué se discute, los valores que nos importan y nos apuntan qué sí queremos lograr, y claridad sobre el sujeto político y los intereses que están en juego. Son estos elementos los que permiten orientación en la (geo)política. A modo de conclusión, esto se puede poner en práctica para pensar en un futuro mejor.

Imaginar otro orden internacional

El Manual de supervivencia geopolítica termina con unos ejercicios de imaginación: países conversando sobre la mejor manera de proteger su soberanía o futuros alternos comparándose entre sí. El orden internacional actual parece hacer consenso sobre el hecho que satisface a muy pocos. ¿Cómo se vería entonces el orden internacional ideal? Imaginar un “orden internacional” alterno es también imaginar una narrativa distinta para ampliar la idea del nosotros. El libro parece proponer otra narrativa: la del Sur Global resistiendo y despertando para reorganizar el orden a su favor. Contra una narrativa revanchista o victimista, Henaro Canales advierte de la posibilidad de caer en esta trampa. Llama a defender la soberanía y mantenerse relevantes geopolíticamente sin caer en la agresión, dominación, imperialismo o colonialismo. A no caer en las mismas lógicas que cayeron Estados Unidos y las potencias europeas.

 

Entonces, ¿qué orden mundial queremos construir? Rafael da cuatro elementos iniciales.

 

Primero, es necesario considerar los modos de producción, visibilizar interdependencias y asegurar que ningún país contribuyendo a la producción quede fuera de los beneficios. Esto quizás implique atender el problema de la concentración de capital en algunos países.

 

Así, un segundo elemento implica pensar en esquemas proto-federales que pueden empezar con asambleas dedicadas exclusivamente a votar presupuestos específicos con dinero puesto en común, al estilo de lo que se recomienda para comenzar a federalizar presupuestos en la Unión Europea (Piketty, 2019). El objetivo es pensar en menos proyectos liderados por tecnócratas (y consultores) y más proyectos de cooperación y desarrollo gestionados de manera democrática. Aquí también reside otro reto: conectar la gestión democrática de presupuestos y proyectos con la democracia local de los lugares donde se implementarán estos proyectos.

 

Los ejercicios de democracia y federación de recursos incluso podrían contribuir a la construcción de nuevas identidades que hagan colectivos más amplios, lo cual conduce a un tercer elemento: la identidad. Al dejar correr la imaginación, también se puede aspirar a sobrellevar la supremacía de la “nación” con su mirada atrás y atada a la sangre o a la tierra para redefinir el concepto o construir uno nuevo que vea a futuro y esté anclado en valores y principios sobre vivir en colectivo. 

 

Finalmente, pienso en los derechos culturales. Si se habla de crear nuevas identidades, es importante que esto se haga en un marco que respete, proteja y garantice los derechos culturales. La esencia de estos implica la posibilidad de cada persona y pueblo de participar libremente en la vida cultural de su comunidad y territorio. Esto significa tanto disfrutar como crear y difundir activa y libremente. La identidad se construye a través del arte, el deporte, los modos de producir, las maneras de convivir y las formas de entretenerse. A nivel internacional, esto implica que cada persona y cada pueblo debe poder desarrollar su cultura, lo cual implica cuestiones de desarrollo económico, sin sometimiento o asimetría injusta y en respeto del resto de los derechos humanos. La concentración de capital y la ausencia de democracia para decidir qué hacer con el capital sería una amenaza al ejercicio efectivo de los derechos culturales.

 

Este ejercicio es quizás de lo más valioso que puede detonar este libro: cómo redibujar marcos identitarios y redistribuir el poder (recursos, artefactos, decisiones y la creación de narrativas). En un mundo donde los conflictos entre grandes potencias parecen ser un riesgo cada vez más real, una visión alternativa de solidaridad, justicia y derechos humanos parece indispensable. Dicho objetivo puede orientar la lucha por defender la soberanía y entender la política internacional.

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Imagen: Preguntas del público. © Foto Joseph Medina 

Referencias

Arendt, Hannah. (1995). ¿Qué es la política? Paidós.

 

Henaro Canales, Stephanie. (2025). Manual de supervivencia geopolítica. Cómo entender el poder global sin ser devorado por él

 

Latour, Bruno. (2012). Enquête sur les modes d’existance. Une anthropologie des Modernes. La Découverte.

 

Mayer, N. (2014). Introduction: Une sociologie des comportements politiques en démocratie. En Sociologie des comportements politiques (2a ed., pp. 1–14). Armand Colin.

 

Lahire, Bernard. (2023). Les structures fondamentales des sociétés humaines. La Découverte.

 

Latour, B. (2017). Où atterrir? Comment s’orienter en politique. La Découverte.

 

Pérez Vejo, Tomás. (2024). México, la nación doliente. Imágenes profanas para una historia sagrada. Grano de Sal.

Piketty, Thomas. (2019). Capital et idéologie. Seuil.

 

Viktorovitch, Clément. (2021). Le pouvoir rhétorique. Apprendre à convaincre et à décrypter le discours. Seuil.

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Reseña - Ante el resurgimiento de movimientos neofascistas, imperialistas y xenófobos, se impone la pregunta sobre la posibilidad de lograr los ideales de los derechos humanos. Una lectura de Las estructuras sociales de las sociedades humanas quizás permite dar una respuesta a esta pregunta.

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